Jakobsland Brewers: “Estamos haciendo un trabajo que la gente aún no conoce y es duro”

Muchas de las pequeñas cerveceras que han logrado hacerse un hueco en el mercado tienen su origen en la fabricación de cerveza en casa a pequeña escala. ¿Cómo se da el salto de tener la cerveza como afición a montar una empresa y comercializar un producto?

La historia de Jakobsland Brewers comienza de una manera similar. La marca gallega está formada por tres socios de distintas nacionalidades: Henlo Matthee Swart (Sudáfrica), Francisco Vaquero (España) y Jeremiah Fox (Estados Unidos). “Conocí el mundo de la cerveza artesana viviendo en el año 2000 en Estados Unidos”, explica Swart en una entrevista en BeerMad. Al otro lado del Atlántico trabajó en un restaurante que tenía 50 grifos y vio que había un mundo más allá del bar con uno o dos tipos de cerveza. “Estados Unidos ya llevaba con esta introducción 30 años y el público lo conocía como algo corriente”, cuenta.

También vivió en Inglaterra, donde conoció las Real Ale, pero la semilla de Jakobsland nació cuando Swart llegó a España y conoció a Francisco Vaquero, que fue quien tuvo la idea adentrarse en el mundo de la cerveza y comenzar a prepararla a pequeña escala. “Empecé a leer, cada día más y más, hasta el punto en que empecé a hacer cerveza en casa”, recuerda. Hicieron su “planta piloto” de 100 litros en la fábrica del padre de Vaquero. El tercer socio, Jeremiah Fox, que ha trabajado en una microcervecería en Estados Unidos, se unió a los dos primeros socios de Jakobsland en una cata de cerveza.

La curiosidad por el mundo de la cerveza les llevó a leer, buscar información y hacer cursos relacionados con la fabricación de cerveza. “Poco a poco mejoramos, hasta el punto en que hubo gente que nos dijo que quería comprar nuestra cerveza”. Empezaron a fabricar dos lotes dobles los fines de semana (dos el sábado y dos el domingo). Estas cervezas tuvieron muy buena acogida, por lo que decidieron dar un paso más hacia la creación de Jakobsland. “Estuvimos pensando dos o tres años en los planes de negocio, planes de marketing, presupuestos… pensando en hacer una fábrica, hasta que descubrimos que se podía hacer de manera nómada”.

En 2016, formalizaron la empresa. “Llevamos casi dos años y medio, poco tiempo, pero creo que hemos logrado bastante en lo que es un plazo de tiempo bastante pequeño”, indica Swart. Detrás de este proyecto, hay muchísimas horas de trabajo y dedicación: “Estuvimos machacando muchas horas, nos formamos, trabajamos en algunas fábricas… Poco a poco nos formamos como cerveceros”.

Ahora, su objetivo es aumentar el volumen de producción para poder “producir la misma calidad con mejores precios que la gente pueda asumir y disfrutar”. Quieren que Jakobsland “llegue a todos y, si quieres comprar un pack de cuatro o de seis, lo puedas comprar, y no solamente una cerveza para el fin de semana”. En resumen, “tener cervezas muy buenas a un buen precio”.

El volumen de producción de Jakobsland fue de 40.000 litros en 2017 y les gustaría cerrar 2018 con el doble. En facturación ya están duplicando las cifras de 2017, mejorando cada mes en más del 200%. “No quiero marcar la facturación como objetivo, nos interesa más el volumen”. También están centrándose en el marketing y el merchandising, ya que hay demanda de vasos, posavasos y otros objetos apreciados por los coleccionistas.

Conectar con el consumidor

La filosofía de Jakobsland se sostiene en tres pilares. El primero es una buena materia prima. “Si no coges una buena materia prima, estás fuera de rumbo”, opina Swart. En segundo lugar, hay que tener un control exhaustivo, empezando por “saber qué está pasando microbiológicamente dentro de tu cerveza y cómo está evolucionando, porque es una cosa viva”. Cuando pasa a los distribuidores y “está en las manos de otra gente que va a controlar la cadena hasta el consumidor final, tienes que controlarlo”. Sin embargo, son conscientes de que “no puedes estar encima de cada proceso”.

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Por último hay que estar “conectado con el público”. “Puedes tener tus gustos y estar muy satisfecho pero, ¿hasta dónde vas a llegar?”, reflexiona este cervecero, que también insiste en la necesidad de comunicarse con los consumidores por distintas vías, desde redes sociales hasta contacto directo en eventos. “Tenemos que buscar el vínculo con el público, transmitir ese mensaje a la gente, tiene que ser una relación prácticamente personal”.

Además, insiste en la necesidad de que los productos que salgan al mercado tengan calidad. “Cuando lanzas una cerveza, tiene que ser algo decente”, y no sólo por el consumidor, también porque “puedes hacer daño a tu marca pero también a otras”. “Al principio hemos tirado litros y litros al desagüe”, cuenta, y recuerda que siguieron trabajando hasta que los errores se convirtieron en “matices que puedes ajustar poco a poco”. “Si tienes que cambiar toda la receta, algo va mal”.

En su evolución, Jakobsland ha iniciado hace poco la estrategia, extendida entre muchas pequeñas cerveceras, de mantener dos líneas en paralelo, una con referencias fijas y otra con cervezas de temporada, más ligeras y con menos alcohol en verano y más intensas y contundentes para el invierno. Además, tienen intención de expandirse a nivel nacional. Para Jakobsland, lo ideal sería ser una marca de referencia en Galicia “y tener vínculos en ciudades como Madrid, Barcelona y las ciudades grandes” para darse a conocer, “aunque sea una botella en un local de Málaga o Alicante”.

Junto con las acciones impulsadas directamente desde Jakobsland, los premios y menciones que reciben también juegan un papel en sus planes de expansión, porque “mencionan tu marca y tu nombre y la gente ya lo reconoce”. Para ellos, cualquier tipo de reconocimiento “tiene mucho efecto” y están “muy orgullosos”, además de ser “un puente que te conecta con la gente”. Aunque lo que realmente aprecia este cervecero de los premios es la experiencia, estar allí. “Es divertido, te sientes como un niño en Navidad”, reconoce.

Pioneros en el sector cervecero

Una de las cosas que más valoran en Jakobsland de fabricar cerveza es que son “pioneros”. “Estamos haciendo un trabajo que la gente aún no conoce y es duro”, señala. En opinión de Swart, “lo que hay que hacer es establecer ciertas marcas, que tienen ciertas direcciones, puede ser el gran público o tiendas especializadas”.

A nivel nacional, destaca Madrid como un mercado con “muchísimo espacio y potencial”. Según sus propios datos y la información que recibe de otros cerveceros, el consumo de cerveza artesana ha crecido más del doble en los dos últimos años en esta zona pero todavía hay espacio para crecer más. En el caso concreto de Jakobsland, empezó con un 12% de facturación en Madrid y actualmente se encuentra en torno al 40%. Por su parte, “Barcelona es un mercado mucho más maduro” que “crece pero con menos margen”.

El resto de España aún se encuentra en una fase más temprana y todavía “falta muchísimo conocimiento” de la cultura cervecera fuera de las ciudades grandes. Si comparamos el consumo de cerveza artesana en España con el de otros países, las cifras todavía están muy lejos: “Italia está en el 17%, Estados Unidos en el 15% en volumen y el 27% en facturación”. Para Swart, eso demuestra que “hay mercados que ya lo han hecho, que tienen su cerveza y conviven muchas marcas”.

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