El etiquetado, la asignatura pendiente de los fabricantes de cerveza

¿Alguna vez te has preguntado por qué todo lo que encuentras en el supermercado lleva la lista detallada (más o menos) de ingredientes e información nutricional en la etiqueta, pero la cerveza no? Pues parece que las autoridades europeas sí lo han hecho y no están de acuerdo con el etiquetado actual de la cerveza y otras bebidas alcohólicas.

La Comisión Europea lanzó una nota de prensa el pasado 13 de marzo sobre el etiquetado de las bebidas alcohólicas, una iniciativa que apoya la asociación Brewers of Europe, ya que daría algo de claridad en este sector. En su comunicado, la Comisión Europea señala que su informe “invita a la industria a presentar una propuesta de autorregulación”.

Lo que está pidiendo el Gobierno comunitario a los fabricantes europeos es que regulen el “etiquetado obligatorio de la lista de ingredientes y la declaración de nutrición para las bebidas alcohólicas”. “La Comisión ha decidido invitar a la industria de las bebidas alcohólicas a desarrollar, en un año, una propuesta autorregulatoria con el objetivo de proporcionar información sobre los ingredientes y nutrición de todas las bebidas alcohólicas”.

El comisario de Salud y Seguridad Alimentaria, Vytenis Andriukaitis, señaló que el informe en el que se basa esta decisión “apoya el derecho de los ciudadanos en la Unión Europea a estar completamente informados sobre lo que beben”. “Es más, no identifica ninguna causa objetiva que justifique la ausencia de la lista de ingredientes e información nutricional en las bebidas alcohólicas”, añadió.

La Comisión Europea se apoya en la regulación de suministro de información alimentaria a los consumidores, aplicable desde diciembre de 2014, que incluye la normativa sobre el listado de ingredientes y las declaraciones nutricionales. “Estas reglas son obligatorias para todos los alimentos, incluyendo las bebidas alcohólicas”, indica la nota de la Comisión, que recuerda que esta normativa incluye una exención a las bebidas con un volumen de alcohol superior al 1,2%.

Sin embargo, algunos productores proporcionan esta información de manera voluntaria y algunos países miembros de la UE han decidido “mantener, adoptar o proponer” medidas de carácter nacional con requisitos adicionales para el etiquetado de ingredientes en algunas bebidas alcohólicas. Esta situación de desigualdad entre países ha hecho que la Comisión proponga al sector una armonización de la información que se ofrece a los consumidores.

¿Qué dice la regulación de la cerveza en España sobre la información facilitada al consumidor? La disposición publicada el 17 de diciembre de 2016 en el Boletín Oficial del Estado (BOE) establece que la cerveza debe “emplear una denominación legal en la que se combinen las correspondientes denominaciones”. Y aquí empieza a entrar en materia: en primer lugar, señala que “las cervezas que se elaboren conforme al método de fabricación artesana podrán incluir la expresión «de fabricación artesana», como información alimentaria voluntaria”.

Además, el BOE indica que en la información que se facilita al consumidor puede incluir “otra información alimentaria voluntaria, siempre y cuando ésta sea conforme con las normas de la Unión Europea y nacionales aplicables”. Sin embargo, esta información “voluntaria” no se refiere precisamente a la composición del producto, sino que “en particular, se podrá indicar la variedad o estilo de cerveza, siempre y cuando éstos sean compatibles con la legislación en materia de regímenes de calidad, propiedad intelectual, incluidas marcas, y cualquier otra que pueda resultar aplicable”.

Creo que la regulación del etiquetado de la cerveza, tanto en España como en la Unión Europea, es un paso necesario para saber qué bebemos. Algunas marcas incluyen expresiones vagas como “contiene malta de cebada” (vale, pero ¿cuánta?), una situación a la que creo que se debería poner coto para que el consumidor pueda contar con una información completa.

Sin embargo, al ser una regulación autoimpuesta por el sector, supongo que no será muy dura con los fabricantes (sobre todo con los mayores productores, que serán quienes tendrán más peso en la decisión), lo que permitirá que productos que se parecen como un huevo y una castaña sigan teniendo etiquetados prácticamente idénticos cuando las proporciones de cada uno de sus ingredientes son totalmente distintas.

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