El negocio de Lagunitas

Este verano estuve por la Costa Oeste de Estados Unidos, y ya que iba tan lejos aproveché para visitar Lagunitas en Petaluma (California). Por desgracia llegué tarde para la visita guiada a la fábrica, que por lo que se veía desde fuera debe de ser impresionante, pero sí que me dio tiempo a dar una vuelta por la tienda y estar un buen rato en la terraza.

La visita fue sólo un par de días después de que Heineken comprara el 50% de la cervecera californiana (ya escribiré algún post sobre esta operación, porque creo que da para reflexionar mucho), y espero que el nuevo accionista no ‘meta mano’ en el negocio que tienen montado, porque la verdad es que está muy bien desarrollado.

Lo primero que encuentras al entrar es la tienda. Ahí ya queda claro que el objetivo es vender, y no sólo cerveza. Lagunitas tiene todo tipo de merchandising, desde vasos hasta libretas. Obviamente, también venden sus cervezas, que, por cierto, se pueden encontrar en cualquier licorería de California a precios razonables. Pero algunas sólo se pueden comprar allí e incluso para algún tipo concreto tienen límite (la Doppel Sticky, por ejemplo, aunque no sé cada cuánto tiempo renovarán catálogo).

Una vez que has pasado por la tienda (y ya te has dejado algunos dólares en cerveza), pasas al bar con terraza. Lagunitas tiene un programa de actuaciones en directo, una carta de cervezas bastante amplia y comida. Para hacer que la gente vaya hasta allí, porque no es que esté precisamente en el centro de una ciudad, tienen algunas cervezas de barril que no ofrecen en la tienda. Al fin y al cabo, se trata de vender diferenciación. Una vez que tienes tu producto posicionado (y ahora que pueden beneficiarse de las redes de distribución de Heineken me imagino que irá a más), si quieres que el consumidor siga acudiendo a ti tienes que ofrecerle algo que sabes que no va a encontrar en ningún otro sitio.

Y bueno, por si tenéis curiosidad por saber qué pedí, es la imagen de este post: una degustación de cuatro cervezas, una de ellas a elegir de la carta de cervezas de barril (escogí la GravensTime). También me traje algún capricho de la tienda: un pack de Censored (en realidad fueron dos, pero uno no salió nunca de Estados Unidos) y otro de Doppel Sticky, los dos a repartir con mis acompañantes en ese viaje, y una botella grande de Maximus. También volvió de California una botella grande de Capuccino Stout como regalo, más las compras que hicieron mis acompañantes. En el control de seguridad del aeropuerto de Los Ángeles tuvieron que flipar un poco.

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